El día que vivamos la fe, no como una religión ni tampoco la tratemos como un tema de estudios solamente. El día que la vivamos como un poder, una energía para el diario vivir, ese día provocaremos una transformación a gran escala.
Muchos de nosotros nos quedamos sorprendidos por las profecías recibidas, pero luego no sabemos como utilizarlas, y es ahí donde entramos en dudas: “¿si Dios me habló, porque no se cumple?”  “¿hasta cuando tendré que esperar por su cumplimiento?”  “¿si Dios me habló, porque me va tan mal?”, etc. 
Cosechas se dan en todo tiempo y a todas las personas, el hecho de no reconocerlas hace que las perdamos. A la misma vez debemos combatir todo lo que nos esclaviza ya que eso no nos permite soñar. Al recibir una cosecha habrás provocado el ascenso a un nuevo nivel.
Recordemos que en el Antiguo Testamento encontramos las sombras y figuras de lo que en el Nuevo Pacto son realidades espirituales, por lo tanto, todo lo que prediquemos del Antiguo Pacto, debemos saber como aplicarlo a las realidades del Nuevo.
Todos los problemas están dentro de nosotros no fuera. Pensamos que si las circunstancias cambian, entonces nosotros vamos a estar mejor. Toda batalla se gana o se pierde dentro del corazón, luego en los campos de batalla.
 
 
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